El vacilo de tus ganas
No son las olas
en ondas a su playa
ni la cautiva brisa
aquejada por codicias.
Pero, ¿será que usted?,
—vida afianzada—,
dueña de la sed, joya preciada;
¡desertará a los pasos!,
al ingenuo tormento, varado
en la duda de las mejillas.
Aunque lejana convivas
confundiendo el oriente,
pretendo, que confiada despiertes
para que el alma disuelta susurre
en la penumbra de sus colinas.
No es ofensa
lo que mis labios profesan,
sino la altiva argucia del poniente
y el estancado sufragio
por nombrar sus latifundios.
Inquietas noches
se velan en hormigueos,
la yerguen por versos y estrofas
mientras que, encrucijadas líneas
forman el viril instante en fuego eterno.
Pero en la espera,
asumiré si fundas tus alas
y lleves tu puerto en la huida.
Para entonces, sin arraigo
y desconsuelos, someteré
a los ojos por encargo
para que desagüe
la indiscreta fusión de las heridas.
Aunque la soledad ancle su navío
y los lacerados titubeos
alarguen el vacilo de las ganas;
no es ofensa lo que mis labios profesan
sino la miedosa discreción por las edades.
viernes, 26 de junio de 2020
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