La hija de Gaia es la que huyó en el bosque de los dolores de su corazón. .
Entre piedras y troncos, tropiezos y locura, encontró búhos, flores silvestres y gotas de rocío, que reflejaban en sus ojos la pureza de su Ser.
Con humildad y reverencia, la pequeña mujer grande se inclinó, luego se acostó, se encogió aún más ... y lloró, sollozando, "¡Oh Madre, dame la bienvenida!"
Pachamama besó sus manos heridas, acarició su rostro, la recostó en su regazo, alimentó su cuerpo y alma mientras le contaba misterios, otros secretos.
Hoy, la Hija de Gaia lleva además de las cicatrices, el don de ver en la oscuridad, de contar historias y de curarse con las manos.
Afloja tu ropa, niña ... tranquiliza tu mente, afloja tu cabello, quítate los zapatos, siente tus pies tocar el piso y escucha la llamada.
Todas somos hijas de Gaia, y la Gran Madre nos espera, con los brazos abiertos, a nuestro regreso a casa.
Entre piedras y troncos, tropiezos y locura, encontró búhos, flores silvestres y gotas de rocío, que reflejaban en sus ojos la pureza de su Ser.
Con humildad y reverencia, la pequeña mujer grande se inclinó, luego se acostó, se encogió aún más ... y lloró, sollozando, "¡Oh Madre, dame la bienvenida!"
Pachamama besó sus manos heridas, acarició su rostro, la recostó en su regazo, alimentó su cuerpo y alma mientras le contaba misterios, otros secretos.
Hoy, la Hija de Gaia lleva además de las cicatrices, el don de ver en la oscuridad, de contar historias y de curarse con las manos.
Afloja tu ropa, niña ... tranquiliza tu mente, afloja tu cabello, quítate los zapatos, siente tus pies tocar el piso y escucha la llamada.
Todas somos hijas de Gaia, y la Gran Madre nos espera, con los brazos abiertos, a nuestro regreso a casa.
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