𝐍𝐎 𝐐𝐔𝐄𝐑Í𝐀 𝐐𝐔𝐄 𝐓𝐄 𝐌𝐀𝐑𝐂𝐇𝐀𝐑𝐀𝐒
No quería que te marcharas,
mas no tenía ningún derecho sobre ti
para hacer que te quedaras.
No quería desprenderme de tu alma
pero no tengo poder
para impedir que alguien más
conozca el sabor de tus labios,
lo inmerso de tus sentimientos
y el carácter de tu persona.
Nunca quise que pronunciaras un Adiós
Pero, ¿quién soy yo
para privar que alguien más
descubra el valor de tu corazón?
¿Quién soy yo
para prohibir que conozcan tu fuego y pasión?
Juro que no quería que de mí te distanciaras,
porque creí no soportar que otra boca
encienda en tu piel la llama,
que te seduzca con sus besos y palabras.
Con el paso de los días entendí que
cada historia tiene una hermosa introducción
seguidos de episodios llenos de alegría y amor.
Sin embargo no siempre se culmina
con un “vivieron felices por siempre”.
He aceptado que no me pertenecías
ni yo era de tu propiedad.
Y es que el amor se trata
de vivir y disfrutar,
de hacer los segundos compartidos inolvidables,
porque ellos sí se quedan en nuestra memoria
hasta el último soplo de vida,
permanecen aquí en el pecho
como un océano repleto de recuerdos.
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