Sé mi espejo, ése donde siempre me quise mirar; sonríe con sublime alegría y haz que te sonría
igual. Ámate, ámate tanto que me enseñes como yo te debo amar... Desnuda tus miedos,
desvístete de todo lo malo que no te hace avanzar, y mírame fijo, sedúceme para que yo te
seduzca sin más. Te quiero como mi reflejo, como aquél que a pesar de los defectos te hace aún
brillar; como la mujer perfecta y libre que hace de su hombre su prioridad, esa misma que has
trabajado en ti, esa misma que te hace ser indócil y madura, la que me volvió tu esclavo, por la
que te pude amar. Píntate los labios en mi boca, siente la seda de tu piel en mi corteza, bebe del
cristal de mi firmeza... y déjame evocar la eternidad.
Mírate, mujer... obsérvate en mis ojos, eres en ellos toda la dulzura que en los tuyos yo soy...
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